sábado, 26 de noviembre de 2011

Reviviendo viejos cuentos I


Una maldición inapropiadamente anacrónica me atacó.
Me esperaba en un callejón oscuro y con sus brazos negros y babosos me cagó a trompadas. Se llevó mi billetera, diciendo que era por una buena causa, como entrar a un boliche o comprar vino.

Meses después me llegó una encomienda: En la caja encontré un regalo. Resultó que la maldición era buena gente, pero no podía evitar su destino. Había sido creada para buscar gente como yo, para amarnos con broncas irresueltas y ganas de venganza.

Le respondí con una carta, agradecido por su comprensión. Le dije que en realidad yo seguramente ya había penado, y que a lo mejor ella podía tomarse vacaciones, o perseguir a otro. Que talvez su creador entendería que yo, como todos, también cargo con mi cruz,  mis remordimientos y verdadero sincero arrepentimiento.
Unos días después, en el mismo callejón, volvió a golpearme, aunque vi que había lágrimas en sus ojos. Creo que no quería hacerlo realmente.

Así llevamos varios meses y la verdad es que es divertido. A veces trato de escapar corriendo por los techos, para hacerle renegar. Otras, cuando termina, me ayuda a levantarme dolorido y tomamos unas cervezas. Me cuenta que quiere viajar, aunque no sabe exactamente dónde. Yo le cuento que quiero ser un escritor. Después volvemos medio borrachos cantando canciones lamentables de los 90.

Nunca le pregunté por su creador, porque me daba miedo la respuesta. Ella tampoco me preguntó por el mío, y fue mejor, porque no sé quien será. Lo importante era que fuéramos amigos, porque sino yo no sería yo, y ella sería un montón de inseguridades o alguna otra paparruchada.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Como correr por un pasillo, a oscuras

- Pasa que yo imagino la poesía como métrica o rima y cuando quiero hacer eso, me sale horrible. Cuando quiero hacer algo que rompa con lo estructurado siento que no es poesía, ni siquiera puedo saber si vale la pena o no; porque sino todo sería poesía. ¿No?

Yo quiero escribir poesía
que caiga de mis dedos
o de mis ojos.
Yo quiero escribir poesía
pero no puedo.
Es como correr por un pasillo,
pero a oscuras,
siempre con miedo,
con los brazos levantados
o listos
porque en cualquier momento me caigo.

Ella corre más adelante
y escapa furiosa
porque sabe, perfectamente,
que yo la ignoré tantos años.
Ahora se sabe deseada,
codiciada, incluso amada,
pero no va a dejarse.
La poesía es de los que sienten,
de algunos valientes,
¿los demás escriben cuentos y novelas?

Pero claro, no todos los que sienten son valientes, ni todos los valientes sienten. Y peor...algunos no son nada.